
Martha Chapa: La artista que transforma la simplicidad de una manzana en arte
¿Cuántas veces se puede pintar la misma fruta antes de perder la cabeza? Para la mayoría de los artistas, una manzana es un bodegón. Para Eva, fue la ruina. Para Newton, la gravedad. Pero para la pintora mexicana Martha Chapa, la manzana es una condena, un mantra y un universo entero.
Hay artistas que pasan su vida buscando un tema. Y hay artistas que son secuestrados por uno.
Nacida en Monterrey en 1946, Martha Chapa decidió hace décadas que el mundo exterior era demasiado ruidoso, demasiado disperso. Así que agarró un objeto cotidiano, redondo, pulido y cargado con toda la culpa de la historia, y decidió que no iba a pintar otra cosa.
La manzana.
A simple vista, parece un ejercicio de “simplicidad y pureza”. Pero si te detienes a mirar su obra con cuidado, la repetición constante de la misma fruta deja de ser un adorno inofensivo y se convierte en una obsesión casi clínica. Una insistencia dadaísta.
Chapa no pinta manzanas para que nos den hambre; las pinta para hipnotizarnos. Las ha pintado flotando en el vacío, envueltas en paisajes volcánicos, metálicas, heridas, sangrantes, surrealistas. Ha tomado el símbolo de la tentación y lo ha repetido tantas veces que le ha vaciado el significado original para llenarlo con el suyo.
En México, la manzana ya no es de Blanca Nieves. Es de Martha.
El confesionario pop: “No salga sin ella”
Aquí es donde la alta cultura se choca de frente con el surrealismo de la televisión mexicana de fin de siglo.
Podríamos ponernos solemnes y decir que conocimos la obra de Martha Chapa paseando por las galerías más exclusivas de París o Nueva York. Pero seamos sinceros: Una inmensa parte de México la conoció en la sala de su casa, viendo la televisión, cuando apareció en aquel legendario anuncio de American Express.
«No salga sin ella», decía a la cámara, con su inconfundible halo de artista misteriosa, mientras el comercial revelaba que ella era “la pintora de las manzanas” y que, evidentemente, nunca salía de casa sin su tarjeta.
Ese cruce entre el esnobismo del arte contemporáneo y el capitalismo puro de un comercial televisivo es una obra de arte en sí misma. Andy Warhol habría aplaudido de pie. Chapa logró que su manzana se convirtiera en un icono pop, incrustándose en la memoria colectiva de un país que quizá no pisaba los museos, pero que a partir de ese día sabía perfectamente quién era la señora de las frutas rojas.
Más allá del lienzo: la manzana se come
Si te pasas cuarenta años mirando fijamente a la comida, es inevitable que un día decidas prender la estufa.
El arte de Martha Chapa no podía quedarse atrapado en dos dimensiones. Esa misma devoción por los colores, las texturas y las raíces la empujó a dar un salto mortal hacia la nueva cocina mexicana.
Chapa entendió que un plato de comida es un lienzo que desaparece al final de la noche. Se convirtió en una investigadora voraz de los ingredientes mexicanos, publicando docenas de libros de gastronomía. Demostró que la experiencia de comer no es solo un trámite biológico, sino un acto estético. Fusionó el diseño con el sabor, llevando el rojo de sus óleos al rojo de los chiles, los moles y las salsas.
Para ella, alimentar el cuerpo es exactamente la misma acción que alimentar el alma frente a una pintura.
El veredicto de la terquedad
Martha Chapa es un caso de estudio sobre el poder de la terquedad.
En un mundo del arte que exige a los creadores reinventarse cada temporada, cambiar de estilo, hacer instalaciones incomprensibles y perseguir la última vanguardia, Chapa se quedó sentada frente a su caballete, mirando su manzana.
Y ganó.
A través de sus pinturas, nos obliga a detenernos. Nos recuerda que lo extraordinario no siempre está en lo complejo, sino en mirar algo común durante el tiempo suficiente hasta que empiece a revelarnos sus secretos.
Así que la próxima vez que muerdas una manzana o pagues la cuenta en un restaurante con una tarjeta de crédito, recuerda a Martha Chapa. La artista que entendió que la verdadera magia de México no solo está en sus pirámides o en sus fantasmas, sino en la capacidad de obsesionarse con una fruta hasta volverla inmortal.
Aunque yo la verdad y para ser sincero, la conocí cuando aquel anuncio de American Express.
Es lo que hay.
Pinturas de Martha Chapa

Marta Chapa es una artista excepcional cuya obra nos invita a apreciar la belleza y el significado que se pueden encontrar en las cosas más simples de la vida. A través de sus pinturas, nos recuerda que el arte está en todas partes, solo tenemos que detenernos a observar y apreciarlo.
Ese arte llevado a la comida la llevó también a incursionar en la llamada “nueva cocina mexicana” en donde una experiencia gastronómica bien puede despertar los sentidos y alimentar el alma: donde el diseño y el arte se fusionan en cada plato
